
Y finalmente empieza a vivir,
A sentir a flor de piel lo que "conoció" a distancia mientras crecía,
a través de ese gran y pesado cajón cuadrado de sonidos e imágenes en movimiento.
Lo fue probando todo sintiendo cada cosa más real, más pura,
Alejada de toda docilidad, sin putrefactas perversiones y maleables connotaciones ajenas a la verdad.
Aquella chica caribeña cada vez se sentía más ingenua, más inocente, y a la vez más incrédula, más escéptica.
Novata en cambios estacionales, vio como se entristecian los arboles llegado el otoño,
Entre marrones, lana, infusiones y atardeceres frios se encontró a sí misma
y dentro de sí, su vínculo y afinidad con lo que le rodea,
descubrió la grandeza de la diversidad, de la hetereogenidad.
Ya no hay porque asombrarse, atemorizarse o intimidarse ante nada
Todo es corriente, todo es usual, lógico y natural...
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